El veterano prolífico dibujante Agustín Comotto nos hace reflexionar con un original cuento de ciencia ficción sobre cómo nuestras peores costumbres nos acercan a un probable fin del mundo.

Después de haber sufrido una pandemia y encierros como los del Covid, estamos preparados para casi cualquier cosa, incluida la peculiar propuesta del dibujante e historietista de origen argentino Agustín Comotto, afincado en Barcelona. Con la naturalidad con la que pocas noticias son capaces de asustarnos, su nueva novela gráfica, Los días, nos adelanta algunos años, quien sabe cuántos al paso que vamos, a un futuro cercano en el que, las altísimas temperaturas de más de 50º obligan a la humanidad a vivir refugiados bajo tierra. Pero aún en semejante situación, la humanidad ha vuelto a adaptarse y aceptar su suerte, provocada exclusivamente por sus errores. Y así comienza y transcurre una semana entera en Los días, un relato gráfico donde Agustín Comotto retrata una sociedad que, ante un mal mayor, mantiene todos sus dramas mundanos y cotidianos, incluyendo la costumbre de sacar a los perros a pasear, único momento en que los seres humanos se permiten volver a la superficie.

En esos momentos en los que en realidad apenas pasa nada, es donde conocemos detalles de este mundo distópico gracias a los vecinos de una pequeña comunidad que, como muchas otras en todas partes, se permiten sacar a sus perros a pasear. La diferencia con nuestro tiempo, eso sí, es que deben hacerlo con voluminosos ecotrajes presurizados que aíslan a perros y a sus dueños del nocivo clima exterior. Por lo demás, Valent, Joan, la Julia, la Drac, la Chester, la Tobi, Mercè… Algunos llamados por sus nombres y otros conocidos en realidad por los nombres de sus perros, se dedican a pasear con sus mascotas igualmente protegidas, desvelándonos sus preocupaciones y nuevos dramas en un mundo donde los grandes miedos siguen siendo los mismos, incluyendo la cercanía de las mismas guerras de siempre, encarnadas en el eterno enfrentamiento entre Rusia y Estados Unidos.

Agustín Comotto, ilustrador apasionado y versátil capaz de abordar desde el libro para adultos al infantil, pasando por los cómics, lleva publicando desde los años 80 y ha demostrado ser capaz de experimentar con cualquier técnica y material que caiga en sus manos: tizas, acrílicos, ceras, carboncillos… Sorprende así su tono intencionadamente comedido de Los días donde, las únicas caras y expresiones que vemos son las de los perros de los protagonistas, con cascos transparentes. De sus dueños humanos solo podemos deducir sus ánimos por pequeños gestos y ácidos diálogos donde cada frase anodina es un relato y datos de ese futuro. El segundo detalle notable es su juego intencionadamente con el uso del color, manejando la bitonalidad diferente para cada día de la semana, que casi predispone anímicamente a los encuentros y personajes que encontraremos en cada uno de esos intervalos.

Como si se tratara de nuestra realidad, paseando páginas con los protagonistas de Los días, El autor es capaz de transmitirnos, a través de una situación tan aparentemente banal, la sensación de que, poco a poco, todos esos desconocidos de rostro oculto tras sus trajes, nos importan un poco más a cada capítulo y casi nos preocupa que esos a quienes llaman “los de ambiental” les llamen para arreglar las filtraciones del baño, que hacen que haya mercurio en el agua o que les vayan a construir una tubería de comunicaciones a medio metro de su casa que les va a freír con las microondas. La habilidad narrativa de Agustín Comotto, que nunca nos mostrará el mundo interior del que proceden los paseadores de perros, juega más con lo sugerido que con lo visible y nos ofrece pinceladas para que imaginemos mucho más a lo largo de un libro que descoloca en una primera mirada y que, sin embargo, permite innumerables relecturas redescubriendo todos los detalles que el autor encaja con una sencillez en realidad muy elaborada.

Como los mejores relatos de ciencia ficción, Los días es una perspicaz reflexión sobre nuestras miserias presentes disfrazadas de una situación y lugar mucho peores que el mundo en el que tenemos la suerte de vivir para que, terminada su apasionante lectura, podamos sentirnos afortunados de poder respirar, de momento, sin ayuda de ecotrajes aislantes.
26 de octubre de 2026