'Lemóniz': Un sobrecogedor episodio de ETA - Norma Editorial

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'Lemóniz': Un sobrecogedor episodio de ETA

El guionista Florentino Flórez y el dibujante Guillermo Sanna recrean con rigor documental un sobrecogedor episodio significativo y hoy casi olvidado de los años de plomo de ETA

 

En noviembre de 1975, en el momento de la muerte del dictador Francisco Franco, había tres centrales nucleares en funcionamiento en España: Zorita en Guadalajara, Santa María de Garoña en Burgos y Vandellós en Tarragona. Cuatro más se encontraban en fase de construcción: la de Almaráz en Cáceres, Ascó en Tarragona, Cofrentes en Valencia y Lemóniz en el País Vasco. La historia de esta última y de cómo nunca llegó a terminarse, es el oscuro episodio de nuestra historia reciente que han elegido el guionista Florentino Flórez y el dibujante Guillermo Sanna para remover conciencias y rendir homenaje a víctimas que nunca debieran olvidarse.

En 1972 la empresa Iberduero anunció su intención de construir una central nuclear en la localidad vizcaína de Lemóniz, en plena costa vasca y a escasos 30 minutos del popular promontorio de San Juan de Gaztelugatxe. Desde un primer momento, la oposición popular y las protestas de los grupos ecologistas, especialmente desconfiados y combativos contra todo lo nuclear, dificultaron el camino a un proyecto en el que muchos otros sólo veían una oportunidad de trabajo a largo plazo.

Pero el problema real fue cuando la organización terrorista ETA decidió sumar su habitual forma de actuar, a base de Goma-2 y quitar vidas, para detener las obras a cualquier precio. Es aquí donde incide, con un tremendo rigor documental, el guion y la frenética historia que Florentino Flórez quería contar para hablar del terrorismo de ETA. Para ello, este hábil guionista nominado a varios premios Eisner recurre y recuerda, entre otras víctimas, especialmente a dos de los protagonistas reales en torno a la construcción fallida de Lemóniz: José María Ryan, ingeniero jefe de la central y Ángel Pascual, ingeniero nuclear que fue mano derecha derecha de Ryan. Ambos fueron asesinados por terroristas etarras. El primero, padre de cinco hijos, fue secuestrado, ejecutado a sangre fría con las manos atadas a la espalda y abandonado en un bosque. El segundo, padre de tres hijas y un hijo, fue tiroteado por tres pistoleros cuando llevaba en coche a su hijo, de diecisiete años, a la parada del autobús escolar.

Arropado por una cantidad ingente de documentación, detallada al final de este apasionante relato, Florentino Flórez expone cronológicamente la violenta espiral en la que se vio sumido el proyecto de la central de Lemóniz, en el contexto de la Transición española, momento en el que, muerto el dictador, ETA multiplicó sus esfuerzos para desequilibrar la democracia apenas renacida. El relato, basado en hechos, incide en que todos los asesinados por ETA en su ciega lucha contra esta central fueron simples civiles: obreros e ingenieros. Trabajadores todos a los que esta novela gráfica rinde homenaje recuperando su recuerdo con nombres y apellidos.

La narración gráfica, a cargo de Guillermo Sanna, que es un excepcional dibujante acostumbrado a dibujar superhéroes para Marvel, supone un drástico cambio de registro y un reto que supera con creces al dotar a Lemóniz de un tremendo ritmo y fluidez. A través de sus dibujos en blanco, negro y grises, el artista se centra en la credibilidad de los escenarios reales retratados, además de las expresiones y movimientos de una tremenda galería de personajes principales y secundarios. Guillermo Sanna infunde una tremenda emoción y empuje dramático a toda la información que reconstruye esta historia, con momentos realmente escalofriantes como las secuencias que recuerdan los asesinatos terroristas en que, sin retratar explícitamente la violencia, es capaz de dejar al lector sin palabras.

Lemóniz es una original propuesta dentro de las obras de producción nacional por las que apuesta Norma Editorial, que vuelve a colocar en el mapa la historia de una central nuclear que nunca llegó a ponerse en marcha y que, a día de hoy, se encuentra abandonada y en ruinas, como el recuerdo de todos aquellos que se vieron arrollados de modo implacable por los acontecimientos.

1 de julio de 2026