La mujer en el mundo del arte, como en tantos otros aspectos de la vida, ha estado ninguneada. Hasta la segunda mitad del siglo pasado fueron muchas las artistas que firmaron sus obras con seudónimos masculinos, que en algún caso era el nombre de su marido, sin contar que en épocas anteriores el arte para las mujeres era sólo el espacio en el que posaban para grandes pintores. Gracias a los movimientos feministas de los años 60 del siglo XX, las artistas empezaron a ganar visibilidad, aunque en un discreto segundo plano. No ha sido hasta el tránsito del siglo XX al XXI que las artistas contemporáneas se han situado en un primer plano, pero no sólo por ser mujeres sino por la validez y calidad de su obra y por aportar renovadoras ideas.

Junto a la normalización de la actual presencia femenina en el universo artístico se ha producido una serie de estudios y exposiciones que recupera a las grandes artistas del pasado. Una de estas iniciativas es el álbum que publica Norma Editorial Hilma af Klint. La voz en el templo, de los riojanos César Herce (Arnedo, 1977) y Manuel Romero (Ribafrecha, 1964) que recupera y reivindica no sólo a una gran artista, sino a la creadora que tiene el mérito arrebatado de haber sido la persona que revolucionó el arte, y cuya influencia ha llegado hasta nuestros días. Hilma af Klint (Suecia, 1862-1944) fue en 1906 la primera artista que creó pintura abstracta, aportación que los libros de historia del arte atribuyen a creadores masculinos como Mondrian, Kandinsky o Malevich, autores que en el primer tercio del siglo XX impulsarían el movimiento de la abstracción, corriente artística en la que prevalecen las formas, las texturas y los colores demostrando así que los sentimientos no requieren necesariamente de una representación realista. Esta tendencia mantendría durante casi todo el siglo un encarnizado debate entre los artistas abstractos, que encabezarían las distintas vanguardias, con los artistas figurativos que consideraban la abstracción como un “arte degenerado”. Afortunadamente este debate está superado.

Esta apertura de miras del arte, que ya había empezado con la implantación de la fotografía, nuevo medio que revolucionó el mundo del retrato pictórico, fue promovida por Hilma af Klint que, como se cuenta en este álbum, llegó a la abstracción a través de una vivencia espiritual provocada por la muerte prematura de familiares muy cercanos. La artista escandinava creó de sus sentimientos un mundo interior que luego desarrollaría en sus cuadros. En una de las viñetas, Hilma af Klint hace una declaración de principios a sus compañeras de clase de pintura sorprendidas ante la naturaleza de los bocetos preparatorios de sus cuadros. “Sólo estaba dibujando la realidad que se nos oculta, la que no se nos permite ver”. En su época no es la única mujer que percibe que el arte ha de sufrir una transformación. En su escuela de arte se alzan voces femeninas que claman sobre la obsolescencia del arte académico. Contra este intento de empoderamiento se alzan voces masculinas en contra la presencia de las mujeres en la Academia de Arte. “Una mujer nunca podrá competir con el hombre, incluso en el arte”, proclaman los caballeros de esa institución. Este clima adverso influyó de tal manera en la artista que nunca participó en ninguna exposición y su obra no fue vista públicamente hasta 1986, porque tal como había dispuesto en su testamento, sus obras no podrían ser expuestas hasta 20 años después de su muerte, acaecida en un accidente. Esta decisión la había tomado por su convencimiento de que sus pinturas no serían aceptadas nunca por la sociedad.

El tema de este álbum facilita una singular riqueza visual, ya que tanto las visiones mentales de la artista como sus obras tienen traslación en la realización plástica del cómic. César Herce y Manuel Romero consiguen conducir de manera diestra un relato en el que más que nunca se funden el guion y el dibujo, ya que la plástica de la obra tiene una función narrativa. Una opción que se ajusta al planteamiento de Hilma af Klint, que facilitó con su arte la posibilidad de interpretar el mundo más allá de lo evidente y así demostrar que debemos siempre otorgar el beneficio de la duda a aquello que nos parece real.
20 de julio de 2026