NORMA recupera las historias de Archie Goodwin que lograron despojar a la guerra de su halo romántico y mostrar su lado más sórdido con la ayuda de los mejores lápices de su tiempo

Hubo un tiempo en que la guerra era sinónimo de máxima intensidad vital, y el sentido de la épica inflamaba los corazones de la juventud, lo que resultaba muy útil para las tareas de reclutamiento y propaganda patriótica. Pero, frente a esta visión idílica, hubo siempre voces que mostraban la otra cara de la moneda, también desde el cómic. Archie Goodwin, de quien NORMA Editorial publica ahora su saga Blazing combat, pasará a la historia como una de ellas.

Para comprender mejor el sentido de su obra, hay que remontarse a 1965, cuando Goodwin se alía con Jim Warren para derribar el mito de la heroicidad, el honor y la gloria que caracterizaba a las hazañas bélicas al uso. Entre ese año y el siguiente, Blazing combat se convirtió en un hito del címic estadounidense, brindando una visión inédita hasta la fecha, crítica, humana y profundamente antibelicista del conflicto armado.

Estas viñetas aparecieron en un contexto marcado por la escalada de la guerra de Vietnam y por un creciente cuestionamiento social del discurso oficial. La propuesta de Goodwin apostó por relatos autoconclusivos que subrayaban el absurdo, la tragedia y las consecuencias morales de la violencia armada. Pero, además, las historias evitaban deliberadamente señalar enemigos concretos o conflictos específicos, reforzando así su vocación universal y atemporal. Eso hace que este clamoroso ‘no a la guerra’ goce, todavía hoy, de una asombrosa vigencia.

La serie tuvo una vida breve —cuatro números publicados en formato magazine, en blanco y negro—, pero su impacto creativo y cultural fue notable. Cada entrega reunía historias escritas por el propio Goodwin y dibujadas por algunos de los artistas más destacados del momento, entre ellos Alex Toth, Gene Colan, Reed Crandall, Joe Orlando, Al Williamson o John Severin. Este alto nivel gráfico y narrativo contribuyó a consolidar la reputación de Blazing Combat como una obra de referencia dentro del medio.

Así Goodwin, que venía de una larga trayectoria saltando entre géneros como el terror, la ciencia-ficción, el western o las historietas de superhéroes en sellos como Marvel o DC, se ganó la vitola de “editor de cómics más querido del mundo” por su compromiso sin ambages, aprendió a escatimarle al lector finales complacientes, al tiempo que daba muestras de respetar su inteligencia y apelar a su ética. Sus soldados son arquetipos atrapados en los engranajes de la Historia, seres anónimos que acaban siendo un espejo del sacrificio inútil de las armas, del inaceptable tributo de sangre que supone cualquier gran choque.

Un atrevimiento que tuvo como respuesta la censura por parte del ejército y el boicot de los mayoristas. Ahora que el mundo vuelve a llenarse de ruido de fusiles, esta recuperación de la obra de Goodwin se antoja, además de una relectura necesaria, una poética victoria sobre el olvido.
26 de febrero de 2026