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                                    La segunda era el valor del torpedo como arma antibuque, ya que en esta guerra las lanchas torpederas cumplieron su papel asaltando a las embarcaciones enemigas en puerto, as%u00ed como lanz%u00e1ndose con gran arrojo contra barcos ya tocados para rematarlos aprovechando su mayor velocidad y maniobrabilidad.Pese a todo, el acorazado tuvo poca participaci%u00f3n en combate hasta casi el final de la Primera Guerra Mundial, pero a pesar de la presencia de submarinos, aviones y destructores, el resultado de la guerra naval segu%u00eda dependiendo del control del mar por parte del acorazado. Y no se dio un enfrentamiento naval a gran escala que implicase el uso de acorazados hasta la batalla de Jutlandia (1916), en la que se enfrentaron lo m%u00e1s granado de las flotas alemana y brit%u00e1nica en pleno mar del Norte. La victoria t%u00e1ctica fue para los alemanes (perdieron menos buques, sufrieron menos bajas, resistieron mejor el castigo y la oficialidad tom%u00f3 mejores decisiones), pero la victoria estrat%u00e9gica fue brit%u00e1nica puesto que, pese al castigo recibido, la flota segu%u00eda en condiciones de combate y con una notable superioridad num%u00e9rica.De esta batalla se aprendieron dos lecciones clave para el desarrollo de naves posteriores. En primer lugar se adopt%u00f3 el sistema de compartimentaci%u00f3n estanca y de estructura del sistema de control de da%u00f1os de los acorazados alemanes; y en segundo lugar se prob%u00f3 la debilidad de los llamados cruceros de batalla: buques armados con ca%u00f1ones de acorazado pero que sacrificaban buena parte del blindaje para conseguir una mayor velocidad, as%u00ed que no pod%u00edan enfrentarse a la potencia de fuego de un acorazado, como vemos en el c%u00f3mic sobre esta batalla de la colecci%u00f3n Grandes batallas navales.Durante los a%u00f1os veinte y treinta se reformaron varios acorazados seg%u00fan las nuevas lecciones aprendidas sobre blindaje, refuerzos y compartimentaci%u00f3n, y se reanud%u00f3 la carrera por la construcci%u00f3n de acorazados. Entre estos, destacaba el orgullo de la Kriegsmarine: el Bismarck, construido en 1939. Pese a ser uno de los mejores buques de su clase, y aunque las nuevas t%u00e9cnicas de bombardeo y torpedeo desde aviones embarcados no ten%u00edan la potencia necesaria para penetrar su blindaje al principio de la guerra, bast%u00f3 un torpedo bien dirigido para causar graves da%u00f1os en el tim%u00f3n y facilitar el asedio por parte de la Royal Navy, como puede verse en el c%u00f3mic Bismarck.Supuso un cambio de paradigma: el portaaviones, capaz de lanzar, recuperar y almacenar aviones que pod%u00edan destruir otros buques hasta un alcance de 500 Km era el nuevo rey de los mares. Hasta el punto de que la victoria en una batalla naval pas%u00f3 a depender de localizar los portaaviones enemigos antes que el contrario y hundirlos, tal y como se puede ver en Midway (1942) y Leyte (1944).%u00a1As%u00ed que solo os queda localizar los c%u00f3mics y descubrirlo por vosotros mismos! Francisco Javier IllescasInvestigador C%u00d3MIC EUROPEO %u2022 INVIERNO 2026 P%u00c1G. 148 // 
                                
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