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Y con ese mismo concepto se construy%u00f3 el acorazado U.S.S. Texas (1895) que, junto con el Iowa, el Indiana y el Oregon %u2014m%u00e1s modernos%u2014, se enfrent%u00f3 a la escuadra espa%u00f1ola del Caribe en la batalla de Santiago de Cuba (1898). Nuestra flota, dirigida por el almirante Cervera, constaba de seis buques que, si bien no eran antiguos, s%u00ed estaban construidos con un planteamiento obsoleto en comparaci%u00f3n con los barcos estadounidenses: ten%u00edan menos blindaje y artiller%u00eda de menor calibre, adem%u00e1s de inferioridad num%u00e9rica (la flota enemiga constaba de diez barcos). A ello hay que sumar que uno de nuestros nav%u00edos m%u00e1s potente %u2014el crucero acorazado Crist%u00f3bal Col%u00f3n%u2014 estaba desprovisto de su artiller%u00eda principal. No fue un combate justo ni parejo.De hecho, el concepto del acorazado como arma principal y s%u00edmbolo cualitativo de una flota en la guerra naval se confirma en la batalla de Tsushima (1905), que signific%u00f3 el final de la Guerra ruso-japonesa y la confirmaci%u00f3n de Jap%u00f3n como potencia militar en el Pac%u00edfico. De este enfrentamiento se sacaron dos valiosas conclusiones para la evoluci%u00f3n de este tipo de barcos: la primera, que el fuego de ca%u00f1ones de gran calibre a larga distancia era m%u00e1s efectivo que el fuego de bater%u00edas mixtas a corta/media, ya que s%u00f3lo los proyectiles de mayor calibre pod%u00edan causar da%u00f1os graves a buques bien blindados: Adem%u00e1s, los proyectiles disparados por ca%u00f1ones de distintos calibres (el Mikasa, uno de los nav%u00edos m%u00e1s modernos de esa %u00e9poca, estaba dotado de cuarenta ca%u00f1ones de cuatro calibres distintos) produc%u00edan un patr%u00f3n confuso de salpicaduras en el agua que dificultaban la correcci%u00f3n del tiro; as%u00ed que era mejor abandonar la dotaci%u00f3n de ca%u00f1ones de distinto calibre en favor de un armamento principal de uno solo.C%u00d3MIC EUROPEO %u2022 INVIERNO 2026 P%u00c1G. 147 //

