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fama experiment%u00f3 un salto cualitativo gracias a la lectura de la invasi%u00f3n marciana de La guerra de los mundos, de H. G. Wells, que ley%u00f3 como si fuese un suceso real y que sembr%u00f3 el p%u00e1nico en una Am%u00e9rica aterrada ante la perspectiva del posible estallido de una inminente guerra mundial. Y as%u00ed fue como Orson dio el salto de la radio al cine, donde debut%u00f3 con Ciudadano Kane, una de las pel%u00edculas m%u00e1s importantes de todos los tiempos, aunque la cr%u00edtica la vapulease en su d%u00eda (sobre todo la prensa af%u00edn al magnate William Randolph Hearst, que era el modelo en la vida real del Charles Foster Kane cinematogr%u00e1fico y a quien no le hizo ninguna gracia verse retratado de esa manera). La pel%u00edcula sufri%u00f3 tal campa%u00f1a de desprestigio que, desde entonces, Welles fue considerado un riesgo para los estudios cinematogr%u00e1ficos, vi%u00e9ndose obligado a rodar en condiciones precarias, siempre con restricciones presupuestarias, y a participar como actor en pel%u00edculas comerciales para poder costearse sus propios proyectos. Su biograf%u00eda ejemplifica como pocas la dif%u00edcil relaci%u00f3n entre arte y negocio. Sin embargo, la lista de obras maestras que nos leg%u00f3 dif%u00edcilmente ser%u00e1 igualada: El cuarto mandamiento, La dama de Shanghai, Macbeth, Otelo, Mr. Arkadin, Sed de mal o Campanadas a medianochemerecen un lugar aparte en el firmamento de la gran pantalla.C%u00d3MIC AMERICANO %u2022 INVIERNO 2026 P%u00c1G. 94 //

