Charlando con Luis Durán, autor de Una colmena en construcción

Luis Durán es uno de los autores más personales del panorama del cómic español actual. Con más de una docena de volúmenes publicados a sus espaldas y cinco nominaciones al premio al mejor guión en el Salón del Cómic de Barcelona (galardón que obtuvo en dos ocasiones, 2002 y 2003), podemos hablar, sin duda, de un talento consolidado. Una colmena en construcción es su primer trabajo con Norma Editorial, y el autor lo estuvo presentando en el pasado Salón del Cómic de Barcelona, oportunidad que aprovechamos para charlar un rato con él.

Una colmena en construcción

Son varias las historias que se entrelazan en Una colmena en Construcción y sin duda, cada lector tendrá su propia interpretación de la historia. ¿Cuál es la historia que realmente ha querido contar Luis Duran?
Sí, es un libro que tiene muchas lecturas. Y, casi prefiero no dar mi punto de vista, no entrar a explicar de qué va o de qué no va este libro. De hecho, según el día posiblemente te habría hablado de unos contenidos o de otros. Incluso, de unos personajes o de otros. Creo que, con tu permiso, prefiero saltarme un resumen al uso y  comentarte directamente que hemos sufrido un sistema educativo empeñado en disociar nuestros dos hemisferios cerebrales con el  propósito de hacernos creer que la inteligencia consiste en acumular datos y no en pensar. Y, mucho menos en imaginar. Quizás la historia  que hay detrás de Una colmena en construcción trate realmente sobre esto. Sobre cómo es necesario volver a reencontrarnos con esa imaginación amputada, con esa intuición empequeñecida a expensas de nuestro lado más racional. Y cómo ese camino debe andarse desde dentro hacia fuera.

Las dos niñas, tal vez junto a la abuela, son las únicas que realmente parecen cuerdas en la historia. ¿Por qué siempre van con una careta?
Llevan careta porque, como más o menos he adelantado en la anterior pregunta, el libro es una alegoría sobre la dualidad con la que abordamos las cosas.

Los cromos, los muñecos de la caja de Ariel, las construcciones con piezas de madera… Sin duda son elementos que a muchos nos remiten a nuestra infancia. ¿Qué papel han jugado tus recuerdos infantiles?
Yo coleccionaba los piratas que tocaban en el detergente Ariel. Y recuerdo la emoción al abrir un paquete de jabón en casa cuando mi madre regresaba de la tienda. Lo mismo me sucedía con los cromos Bimbo. He incluido en el libro esas emociones.
De todos modos, hasta qué punto me afectan en el día a día los recuerdos y las imágenes que almaceno en el inconsciente, desde pequeño, es algo que desconozco.

Hay ciudades imposibles, circulares, de piezas geométricas de madera, y en ellas encontramos ideas que tal vez parezcan absurdas, como buzones con forma de pez o fuentes que son una torre. ¿Crees que las ciudades se humanizarían con un mobiliario urbano más amable y menos frío?
Creo que lo único que puede humanizar un contexto son sus propios inquilinos. Sin que estos se humanicen no existe mobiliario urbano que logre el milagro. Como te comentaba en la primera pregunta, el camino debe andarse desde dentro hacia afuera.

La permanente confusión de muchos de los personajes y las obsesiones o mitos sobrevenidos de la infancia son una constante de las historias, pero ¿por qué en las historias de tu novela gráfica, todos tienen la necesidad de mantener estos mitos y obsesiones?
No, no, mis personajes no están en permanente confusión, están en permanente búsqueda.  También dejan  claro que no conocen otra ruta en esa búsqueda que el intento de recuperar esas alas amputadas de las que te he hablado al principio, las de la imaginación, la infancia, los arquetipos…
A alguien en permanente confusión no me lo imagino buscando, más bien lo veo sentado en una silla y negando las tormentas para no plantearse absolutamente nada.

 Luis Durán en el Salón del Cómic de Barcelona

En la evolución de tus novelas gráficas, cada vez encontramos obras más ricas en matices y con personajes más complejos. Esta última es un buen ejemplo de ello. ¿Crees que has llegado a la madurez como autor de cómic, o todavía tienes que buscar nuevas fórmulas con las que sorprendernos.
No intento sorprender, quizás sí sorprenderme. Yo noto que me encuentro más a gusto que nunca contando, dibujando y coloreando. No sé si eso es madurez, pero en general, y sobre todo gráficamente, sí estoy muy orgulloso de sentir que voy perfeccionando mi trabajo. Creo que cada libro se enriquece con respecto al anterior en todos los aspectos. Y, a veces, como en este libro, el salto habido es bastante importante.

En Una colmena en construcción nos encontramos con una parte del universo de Julio Verne. ¿Es un homenaje? ¿O un recurso que necesitaba la historia?
Sí, he incluido una aparición del capitán Nemo dentro del libro. Se empeñó en  salir…

Las abejas, de forma silenciosa, conducen la narración. ¿Por qué elegiste las abejas?
Uno de los personajes del libro es apicultora. Además, en el libro se habla  de varias “resurrecciones”: la de Abel tras su aparatoso accidente; la de Jacinto, precisamente provocada por la picadura de una abeja… En el antiguo Egipto, las abejas se usaban para representar el alma de las personas, incluso aparecen en algunas tumbas como metáfora de la supervivencia  del alma tras la muerte.

Cuando lees más de una vez esta novela gráfica, con cada nueva lectura encuentras nuevos matices. ¿Estaba todo definido desde el inicio? ¿O la historia ha evolucionado a medida que la escribías?
Sí, por supuesto, todo crece. Por mucho que tengas planificado un trabajo inicialmente, siempre se espiga durante el proceso, adquiere identidad y cuerpo, los personajes se revelan y te dicen que sí o te dicen que por ahí no. Hay personajes que incluso se marchan y te encuentras contando la historia de sus fantasmas y de sus sombras. 

Una colmena en construcción

De todas tus obras, esta es posiblemente una de la que más recursos narrativos utiliza y de las que menos bocadillos tiene. ¿Cuál esperas que sea la reacción de los que han leído tus anteriores obras?
Todos evolucionamos y crecemos a la par, así que probablemente  este libro es el siguiente paso que ellos estaban esperando que se diera en mi bibliografía.  Y sí, tienes razón, es el libro en el que más expreso y en el que menos palabras utilizo. Cuando las palabras dejan de ser necesarias, sencillamente dejan de ser necesarias.

Hay una cuestión que personalmente me gustaría que me resolvieras ¿Existe el cielo de los animales?
Por supuesto. Y se lo merecen más que muchos seres humanos. Sobre todo mucho más que esos seres humanos que te dicen con prepotencia que el mundo animal está aquí  solamente para servirles.

¿Qué te parece la edición de tu novela? y en qué medida  has participado en ella?
He participado en todo lo que he podido. Hemos mantenido mucha correspondencia. Yo envié propuestas de cubiertas y Norma, a su vez, me envió otras. Le hemos dado muchas vueltas a todo y se ha trabajado en este libro con mucho mimo para que el lector se lleve a casa el mejor libro posible, ya que en eso consiste al final todo el asunto. Y estamos todos muy contentos. En Norma ha gustado como ha quedado impreso y por mi parte, estoy encantado con los resultados y con la calidad de esta edición. De hecho, he publicado unos 20 libros en distintas editoriales y pienso que es el libro mejor editado de todos ellos. El color, el papel, la presentación… todo ha quedado como queríamos.

¿Cuál es el siguiente proyecto de Luis Duran?
Me encantaría sacar un nuevo libro con Norma.

Hace mucho tiempo, cuando empezabas, cuando se publicó tu primer álbum, parecías no creértelo y no creías que pudieses vivir del cómic. ¿Tu sueño se ha hecho realidad?
Sigue siendo muy difícil vivir del cómic en España. Calculo (redondeando) que, para que un autor pueda vivir de la historieta en este país, es necesario que venda diez o doce mil ejemplares de todos y cada uno de los libros que haga.

Entrevista realizada por Marisol Hernández.

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