ENTREVISTA A TORRES PUBLICADA EL 20 DE SEPTIEMBRE DE 1998 EN EL MUNDO DE VALENCIA.

¿Los dibujantes de cómics son de izquierdas?

Ahora que las ideologías están más que enterradas, a algunos les da por hablar de izquierda y derecha. Yo no me identifico con ningún partido. Claro que si una causa me parece justa, y moralmente la tienes que defender, pues te apuntas.

¿Tus cómics reflejan tus ideas políticas?

No, políticamente no me manifiesto. Además, después del espectáculo que ha dado en los últimos años la clase política, lo mejor es estar de espectador y reírte un poco cuando no te toca a ti llorar.

¿Se están perdiendo algo los que no leen tebeos?

Creo que sí, pero peor para ellos. La gente tiene sus esquemas mentales ya muy elaborados y no es cuestión de ir forzando a la gente a leer tebeos, pero es evidente que algo se están perdiendo, igual que le ocurre al que nunca va al teatro. Los tebeos son una forma de narración muy interesante cuando se hacen bien.

Hace unos días Juanvi Chuliá, conocido experto valenciano en tebeos, publicó una carta abierta pidiendo más ayudas para promocionar el sector. ¿Es necesaria esta ayuda?

Lo mejor es que no ayuden, que ya estamos bastante mal así.

¿Ni siquiera para promocionarlo?

Evidentemente, si la ayuda está bien canalizada, bienvenida sea. Me refiero a que no hay que repetir la época en que cada ayuntamiento, para parecer moderno, publicaba su cómic, y la inmensa mayoría de ellos era de nula calidad.

¿Está presente Valencia en su obra? ¿Le inspira esta ciudad a la hora de crear sus ciudades?

Al principio estaba más presente, ahora no mucho. Valencia es una ciudad muy ecléctica y quizás lo que me inspira es ese concepto y utilizarlo.

De usted se puede decir que es un valenciano que triunfa en Estados Unidos o Japón. ¿Es tan importante eso de ser valenciano?

Si te digo la verdad, no demasiado. Como siempre he sido valenciano, no lo sé. Además, yo publico en Norma, una editorial catalana, y a lo mejor hay que repartir los méritos.

¿Aprovecha la industria valenciana a sus dibujantes?

En lo que respecta al diseño gráfico sí que se nos llama cuando nos hace falta.

¿Qué le parecen experiencias como la de diseñar una falla o ropa por parte de sus dibujantes?

Ha habido experiencias en ese sentido, pero más por el interés de los implicados personalmente que por los resultados. Si me piden que diseñe una tela, pueden hacer un dibujo y poco más porque desconozco las propiedades de los materiales.

Hace más de diez años que se habla de crisis en el sector. ¿Qué hay de cierto en ello?

A finales de los años 70 hubo un boom que duró prácticamente hasta finales de los 80, y en el que cualquiera se sentía con capacidad para meterse en este mundo. Se creció por encima de lo que hubiera sido normal y sin pararse a pensar en cómo hacerlo.

¿Y cuándo cambió la cosa?

Después de unos cuantos golpes, y de lanzar números "0" y "1" que nunca llegaban al "2", vimos que hacer tebeos exigía respetar los aspectos comerciales.

¿Las perspectivas son mejores ahora?

En Norma estamos buscando gente, dibujantes y guionistas, porque creemos que hay mercado.

Es decir, que hay esperanzas.

Lo que ocurre es que los tebeos no son más que un mercado pequeño y con pocos clientes, y hay que mimarlo un poco. Con una estructura empresarial se pueden hacer cosas interesantes.

¿Cuáles han sido los cambios más importantes del sector?

Lanzar un tebeo en España es casi imposible, pero si acuerdas con editoriales de otros países una edición conjunta sí que es posible publicar algo que no sean mangas o superhéroes. En estos momentos hay incluso expectativas de crecimiento.

¿Por qué han desaparecido las revistas de tebeos?

No lo sé, pero es un modelo agotado. Ni en Francia, después de cerrar A suivre, deben de quedar revistas de este tipo. La gente debió de aburrirse de leerse muchas historias a la vez y que no acababan nunca. Ahora lo que se vende es el libro entero.

¿Considera que se puede adaptar el modelo norteamericano basado en un personaje o autor y sagas muy largas?

No, no creo que sea aplicable aquí.

Y en lo referente al marketing o al merchandising, ¿no sería bueno seguir el modelo americano que hace que cualquier cosa que se publica se convierta en un acontecimiento?

En España es muy difícil, por no decir imposible, planteárselo. El número de lectores allí es mayor, y tienen el apoyo de la televisión y el cine que se nutre de los cómics. Cuando lanzan unos juguetes, los niños tienen a los personajes en la tele, en los cereales... hasta en la sopa.

Pero es que en España ni siquiera se publica un anuncio.

Si un dibujante le dice a un editor que quiere media página de publicidad en la prensa nacional, yo creo que se le ríe. Salvo Milo Manara o Moebius, por citar casos extremos, no hay una expectación que lo justifique. La publicidad encarece demasiado el producto.

¿Con qué música trabaja?

Siempre música clásica. Desde que me levanto hasta que me acuesto, tengo Radio 2 en marcha. También me encanta el jazz o el pop de Crowded House. En cuanto a clásica, me quedo con Mozart.

¿Qué coche tiene para moverse?

No me muevo (risas). Tengo un R-5 cochambroso de más de doce años, pero no me gusta nada conducir y casi siempre olvido dónde lo he aparcado. Lo que sí me gusta es la bicicleta.

No lleva anillo de casado...

Soy separado. Pero de casado tampoco llevaba el anillo.

Ni reloj en la muñeca.

No. Tengo uno en la mesa de trabajo y nada más.

Y tampoco tiene televisión...

¡No! Y puedo decir a todo el mundo que no cuesta tanto dejar el vicio (risas). Se puede dejar, aunque a veces te miren como un bicho raro o, en ocasiones, te sientas fuera de las conversaciones de la gente.

Entra en el arquetipo de un artista bohemio, ¿se considera como tal?

No, no. Puede que la gente lo sea de boquilla o por algunas actitudes, pero todo eso del artista bohemio se acabó con Valle-Inclán.

¿Con quién "ilustra" sus sueños por las noches?

Yo sueño mucho. Suelo imaginar muchos guiones escritos o dibujos, ideas e imágenes, pero he llegado a la conclusión de que no hay mejor compañía que los sueños.

¿Qué tipo de ropa se compra?

Soy un cliente de rebajas. Suelo llevar ropa informal, aunque me gusta Adolfo Domínguez y tengo algo de él.

¿Cómo y dónde le gusta dibujar sus veranos?

No tengo ningún sitio fijo para ir. Es más, en agosto no me gusta salir a ningún sitio. Como suelo viajar por motivos profesionales a Francia o a Estados Unidos, me sirve para desconectar y, por cierto, he comprobado que a la gente este año le hacía mucha falta irse de vacaciones.

Pero alguna edición tendrá.

Bueno, salgo de vez en cuando a tomar una cerveza con mis amigos, no soy un monje. Eso y jugar al frontón con la familia.

¿Ése es su deporte favorito?

No, apenas sé jugar. Me gusta la natación.

¿Piscina municipal o privada?

La piscina de la Politécnica.

¿Qué libro está leyendo?

"Poemas", de Rubén Darío, uno de ciencia ficción, "Blue Champagne" de John Varley y "La naturaleza" de Lucrecio.

¿Le gusta el cine?

Sí, de todo tipo pero sobre todo el europeo y, a ser posible, en versión original. Si no me gusta una película, al día siguiente la olvido. Desde que los americanos hacen tanto "cine pesebre", que vas más a comer palomitas que a ver la película, me decanto por el europeo como "Carácter". Si me gusta, me paso días analizándola conmigo mismo.

Una película "de las de toda la vida" que le haya marcado.

"Centauros del desierto".

¿Qué dijeron en casa sus padres cuando planteó su decisión de ser un artista-ilustrador-dibujante de cómics?

Vino por partes. Lo fuerte fue decir que dejaba Arquitectura, que se supone que tiene más salida que Bellas Artes. Era dejar una carrera técnica superior por unos estudios que entonces sí que eran considerados como bohemios.

Pero al empezar a vender enseguida...

Claro. Al vender enseguida mi primer cómic, pues callaron y aceptaron mi decisión.

¿Qué personaje político serviría para un cómic?

José María Aznar daría mucho juego, y Arzalluz también. Es un estereotipo de vasco que funciona bastante bien.

¿Con qué personaje identificaría a Rita Barberá?

Todos somos personajes de cómic y más ellos, que se dedican a la vida pública. Pueden inspirar respeto o risa, pero no suelen pasar desapercibidos.

¿Intenta inculcarles el gusto por los tebeos a sus hijos?

Procuro no presionarles demasiado. Les he comprado los de Astérix y Tintín, y se los han leído, pero lo que de verdad les gusta es Dragon Ball.

¿Hay riesgo de que Tintín o Astérix desaparezcan por culpa de los japoneses?

No, ésos son clásicos y por su propia definición son y seguirán siendo modelos.

Los 80 fueron pródigos en grandes personajes: Makoki, Peter Punk, Roco Vargas, Torpedo... De los 90, ¿cuáles destacaría?

La verdad es que no se me ocurre ninguno, pero no estoy muy al tanto de lo que se publica.

¿No lee tebeos?

La verdad es que no, y tampoco soy coleccionista. De hecho, algún día tendré que hacer limpieza de lo poco que tengo.

¿De pequeño tampoco?

Tampoco. Mi padre nos compraba los Héroes Modernos de la editorial Burulan, como Flash Gordon y Rip Kirby. No conocí hasta mucho más tarde a Mortadelo y Filemón o a Tintín.

¿Cuándo decidió que quería ser dibujante?

A veces intento creerme que fue cuando tenía 6 años y descubrí a Flash Gordon, pero lo cierto es que lo supe cuando vi que podía vivir de esto.

¿Qué periódico lee?

Uno distinto cada día en función del suplemento.

¿Se parecen las noticias?

No mucho, la verdad.