|
EPÍLOGO DEL AUTOR
Empecé a dibujar estas páginas porque se me pidió que hiciese un storyboard para la película Las dos vidas de Andrés Rabadán, en la que participaba como coguionista. Se trataba de que aportase información visual de primera mano al director, para que se hiciese una idea de cómo eran los patios, los pasillos, las celdas. Comencé pues a dibujar y a enviar las páginas, contento de hacer algo mejor que deambular amargado por el patio. Sin embargo, sucedió que el tipo de dibujo que estaba mandando era demasiado elaborado a nivel pictórico como para encajar en la categoría de storyboard. Había demasiadas rayas y demasiado detalle. Así que Ventura Durall (director de la película) habló con Anna Soler (agente literaria), y entre los dos derivaron ese material hacia Norma Editorial por si se podía publicar. Si bien era cierto que mi obra no cuadraba en un storyboard, más cierto aún era que tampoco encajaba como cómic. Todas esas rayas furiosas que desdibujaban las siluetas, toda esa amalgama de tonos tan parecidos al dibujo artístico a mano alzada, se le atragantaba a la editorial como una albóndiga de corcho. Pero al fin accedieron a publicarlo.
Del guión original de la película hubo que recortar escenas de difícil o cara realización, así como muchas otras que se convertían en demasiado largas o que divagaban. A través del cómic pude recuperar algunas de esas escenas mutiladas que yo creía que eran importantes para entender un poco mejor mi historia. Aunque siendo sinceros, esta tampoco es mi historia. Es solo una pequeña parte. Acabé de dibujar no porque hubiese llegado al final de un guión establecido, sino porque solo tenía 136 hojas blancas de tamaño Din-A3. En la cárcel el material no llueve del cielo. No quiero aburriros explicándoos ahora lo complicado que es todo aquí, pero sí quiero deciros que la historia se acabó cuando se acabó el papel para dibujarla.
Aun así he trabajado mucho, muchísimo, sin ayuda artística ni consejo técnico de nadie, sin más material que los bolígrafos negros robados a una monja voluntaria de prisiones (lo siento, los necesitaba) y los rotuladores punta fina entrados de contrabando por mi fiel amigo “Z”. Sin saber nada del mundo de los cómics. Improvisando sobre la marcha.
Sé que he dejado mucho por decir y que lo que he dicho se podía haber dicho mejor, pero apelo a vuestra comprensión y condescendencia a la hora de leer estas páginas. Espero que os gusten.
Sin más, me despido con un saludo cordial.
Andrés Rabadán
24 de junio de 2009
C.P. LA MODELO
(Psiquiatría)
|
|