EL AUTOR

El 6 de febrero de 1994, Andrés Rabadán tomó una ballesta y acabó con la vida de su padre. Finalizaba así una serie de acciones violentas provocadas por el rechazo y el aislamiento del mundo del joven, y que había iniciado apenas un mes antes con tres descarrilamientos de trenes que desconcertaron a la policía. La juventud del asesino (veinte años), el hecho de tratarse de un parricidio, y el tipo de arma utilizada hizo que el crimen se convirtiera en caldo de cultivo para los medios, que bautizaron a Rabadán como “El Asesino de la Ballesta”.

Sensacionalismo aparte, Rabadán se ha convertido con el paso de los años en uno de los presos más célebres de nuestro país, tanto por la inexactitud de su condena (fue considerado inimputable del delito de parricidio, y desde entonces ha sido diagnosticado de trastorno psicótico, para acabar confinado en un módulo psiquiátrico), la duración de su estancia en prisión (lleva ya quince años encerrado, y le ha sido negada cualquier opción a disfrutar de permisos) y, por encima de todo, la vertiente artística que ha ido desarrollando durante su encierro. Mientras su caso iba apareciendo recurrentemente en programas de sucesos y diversos psiquiatras forenses trataban de decir la última palabra sobre la cuestión, Rabadán ha aprovechado los largos años en prisión para dar rienda suelta a una creatividad desconocida.

Fruto de esta actividad han sido los libros Historias desde la cárcel (Plaza y Janés) y Diario del cursillo Devi (pendiente de publicación), aparte de realizar varias exposiciones de los dibujos que ha ido realizando el prisión, últimamente reducidos a trazos de bolígrafo después de que las instituciones penitenciarias le negaran la posibilidad de utilizar pinturas. La escasez de medios convierte cada dibujo en una amalgama de colores puros que trazan escenas oníricas y sexuales, basadas en las pesadillas y anhelos del propio autor.

Fue precisamente en una de estas exposiciones donde el director Ventura Durall trató de ponerse en contacto con Rabadán, a través de sus organizadores.

No fue fácil, pero tiempo después logró cartearse con el preso, para finalmente iniciar una amistad que se ha traducido en dos proyectos audiovisuales: el documental El Perdón, que intenta trazar un retrato de Rabadán a través de diversos testimonios, y el film Las dos vidas de Andrés Rabadán, con guión del propio preso, y cuya adaptación en formato cómic aparece en octubre de 2009 bajo el sello Nómadas, la colección de tema social de Norma Editorial.

Rabadán, que asegura haberse involucrado en el proyecto “para explicar cosas que de otra manera no puedo contar”, narra en 136 páginas la historia de su vida en prisión, de cómo se vive el día a día entre rejas, cómo el arte se convierte en su única compañía, y cómo finalmente el amor le llegó en forma de Carmen, una voluntaria de prisiones que finalmente se convertiría en su esposa. A la espera de que algún día le llegue la esperada libertad, Rabadán continúa escribiendo y dibujando, sabiendo que hay alguien al otro lado del muro que le espera con los brazos abiertos. Las dos vidas de Andrés Rabadán es su testimonio a ese mundo que le está vedado y al que espera regresar algún día