SE CUMPLEN SEIS AÑOS DEL ACCIDENTE DE LA CENTRAL DE FUKUSHIMA

Como muchos recordaréis, el 11 de marzo de 2011 tuvo lugar el seísmo y posterior tsunami en la costa nororiental de Japón, y con ellos el accidente de la central nuclear Fukushima I.

Seis años después de ese trágico episodio, en el que las aguas del pacífico asolaron la costa noreste del país nipón, cobrándose más de 18.500 víctimas mortales, la situación de la zona se ha restablecido en cierta medida, pero dista mucho de poderse considerar “normal”.

Se estima que las labores de limpieza y desmantelamiento en la central nuclear de Fukushima pueden durar más de 40 años.

Por una parte, muchas de las casi 120.000 personas que vivían en la prefectura de Fukushima y sus alrededores en el momento de la catástrofe aún no han podido volver a sus hogares (y algunos de los que pueden hacerlo, se resisten a hacerlo por miedo), y los que han decidido regresar se han encontrado zonas industrialmente deprimidas y con un déficit de servicios básicos tales como clínicas médicas o grandes superficies.

Por otra, está, obviamente, la cuestión de la radiación. Como sabréis, la ausencia de un muro de contención lo suficientemente alto para evitar que los tsunamis, comunes en esa área de la costa nipona, penetren tierra adentro, permitió que el maremoto inundase zonas críticas, lo que a su vez produjo una cascada de fallos tecnológicos, culminando con la pérdida completa de control sobre la central y sus reactores.

Se han colocado contadores geiger en las ciudades para tener la radiación controlada en todo momento.

Los primeros fallos técnicos que se evidenciaron fueron la parada de los sistemas de refrigeración de dos reactores y de cuatro generadores de emergencia. Subsiguientemente, y como consecuencia de ello, se dio una fusión del núcleo parcial en los reactores 1,2 y 3, explosiones de hidrógeno que destruyeron el revestimiento superior de los edificios que albergaban los reactores 1, 3 y 4 y una explosión que dañó el tanque de contención en el interior del reactor 2. Aparte, una serie de incendios y el recalentamiento de las barras de combustible nuclear gastado que se almacenaban en la central no hicieron que la coyuntura resultase nada halagüeña.

Esta combinación de hechos catastróficos implicó que la radiactividad contenida en la central fuese expulsada al exterior. Semanas después del tsunami, se detectaron niveles de radiación del agua de la zona cien mil veces por encima de lo normal, así como yodo radiactivo en el agua corriente. De hecho, días tras el accidente se pudieron detectar en California partículas radiactivas procedentes de Japón, así como yodo radiactivo en Finlandia.

A pesar de la magnitud del siniestro, actualmente las autoridades afirman que “los niveles de radiactividad han disminuido significativamente y ahora podemos decir que la planta es estable”. Y si la situación ha podido subsanarse hasta este punto es gracias a personas como Kazuto Tatsuta, que dejó su vida en Tokio para trasladarse a la prefectura de Fukushima a trabajar en las labores de descontaminación de la central nuclear.

En su obra Ichi Efu, Tatsuta narra en primera persona los entresijos de las complicadas labores que llevó a cabo en la central de Fukushima y cómo se viven las consecuencias en la zona afectada. En su relato trata temas tan fundamentales como la formación que recibían los trabajadores y cómo desempeñaban sus respectivas tareas como trabajadores un tanto precarios de las subcontratas a cargo de las labores de limpieza, hasta temas más triviales como los problemas derivados de usar trajes aislantes, cómo solventar las necesidades fisiológicas en ese contexto o cómo intentar vivir con normalidad en el área afectada.

Si queréis conocer más detalles sobre cómo vivió Kazuto Tatsuta el tiempo que pasó trabajando en Fukushima, os recordamos que ya os podéis hacer con los tres tomos de Ichi Efu, publicados por NORMA Editorial. ¡Sí, la obra completa ya está a la venta, de modo que no tendréis que quedaros con la intriga mientras esperáis el próximo tomo!

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